Cada toma de decisiones en la
gestión de los bienes públicos, recursos y espacios
naturales concierne inevitablemente a los agentes sociales (ciudadanos),
políticos (administraciones públicas competentes)
y económicos (empresas). Un previo debate conjunto y
transparente entre todos estos portadores de intereses es una
condición imprescindible para que la decisión
final pueda sopesar y tener en debida cuenta todos los distintos
intereses, con el fin de lograr, caso por caso, un balance racional
entre los mismos, premiando unos en lugar de otros a partir
de datos e informaciones científicas y objetivos de bienestar
general a largo plazo. Actualmente en los procesos decisorios
falta, más que un conocimiento del impacto y consecuencias
de las decisiones, una cultura de diálogo transparente,
abierto e intelectualmente honesto - y consecuentemente una
metodología adecuada - para la resolución pacífica,
racional y a medio-largo plazo de los conflictos. La respuesta
adecuada a dichas deficiencias incluye la aplicación
de principios jurídicos y la interiorización individual
de valores universales de respeto y democracia, así como
la capacidad emocional individual de los agentes implicados
de querer resolver el conflicto mediante un debate transparente
y honesto